
La ventilación en las naves de pollos, tanto estática o natural, como dinámica o forzada a través de ventiladores mecánicos ...
La ventilación en las naves de pollos, tanto estática o natural, como dinámica o forzada a través de ventiladores mecánicos; pretende conseguir varios objetivos, que son los que en definitiva van a determinar cuáles son las necesidades mínimas de ventilación para una crianza de pollos, en función de la densidad máxima de pollos medida en kilos de carne por m2 (es decir a más kilos de “pollos” alojados más necesidades de ventilación, y al revés).
El intercambio de gases que se produce, permite aportar el oxígeno que las aves necesitan para su metabolismo, y eliminar los gases nocivos para las aves, fundamentalmente el dióxido de carbono (CO2) y el amoníaco (NH3); que a concentraciones altas y de forma continuada, dificultan la respiración de los animales y causan lesiones en sus vías respiratorias, que con el tiempo se pueden complicar en procesos respiratorios más complejos (CRD).
A través de la ventilación, y dependiendo de las condiciones del aire en el exterior, también se puede conseguir de una manera limitada, regular la temperatura y la humedad relativa dentro de la nave; por lo que es un sistema eficaz para luchar contra las altas temperaturas en verano y para evitar las malas condiciones de la cama por excesos de humedad en invierno.
Por lo tanto, la densidad de los pollos (en Kgs./m2), la Tª y HR del ambiente en el interior y exterior de la nave, las concentraciones de gases (CO2 y NH3), la velocidad del aire incorporado, etc. son los factores principales que condicionan el nivel óptimo de ventilación, medido como caudal de ventilación, en m3 de aire por hora y por kilo de peso vivo (m3/h/Kg.).